Cynthia Briceño, periodista
1 julio, 2025

 

 

 

  • Expertos de Costa Rica y Panamá, reunidos en San José, abogan por una agenda común en medio ambiente, migración y reforma política, y advierten sobre el avance del populismo y la creciente desconfianza en las instituciones democráticas en la región

En tiempos marcados por la fragmentación global y la erosión de los marcos multilaterales, la relación entre Costa Rica y Panamá destaca como un ejemplo de entendimiento democrático en América Latina. A pesar de su tamaño y limitaciones geopolíticas, ambos países han apostado por el diálogo como ruta para afrontar desafíos comunes.

Pero, ¿se trata de una verdadera alianza estratégica o de una respuesta de supervivencia frente a un entorno cada vez más incierto?

Esa fue una de las preguntas que guiaron el reciente conversatorio ¿Cómo enfrentar el cambio político internacional? Una perspectiva desde Costa Rica y Panamá, organizado por la Fundación Konrad Adenauer en San José, donde expertos en política y representantes de sectores académicos y partidarios de ambos países exploraron las posibilidades de una cooperación regional más sólida.

Coincidieron en señalar que el modelo de relación entre ambas naciones —las democracias más consolidadas de la región— se basa en el diálogo, la negociación y la construcción de consensos, especialmente frente a desafíos compartidos que requieren una cooperación multilateral decidida.

Una relación ejemplar

Para la politóloga y docente costarricense Argentina Artavia[1], la cercanía geográfica entre ambos países ha facilitado una relación fraterna, pese a roces naturales. “Si hay algo que debemos reconocer en Costa Rica y Panamá, es esta relación cordial, amistosa y afable, enfocada en la búsqueda del bien común y la identificación de objetivos compartidos”, afirmó.

Desde una perspectiva panameña,  el doctor Harry Brown[2], director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS), subrayó que la estabilidad democrática de ambos países ha sido clave para consolidar  esos vínculos bilaterales sólidos entre ambas naciones; pero, además, una presencia simbólica en el escenario internacional que las identifica.

“Países pequeños como Panamá y Costa Rica no tienen el peso para influir directamente en la política global. Sin embargo, logran posicionarse a través de símbolos que funcionan como soft power. En el caso de Costa Rica, ese poder se manifiesta en su liderazgo democrático, su sistema educativo y su política ambiental; en el caso panameño, en su rol geográfico estratégico asociado al Canal y a su autodenominación como hub de las Américas”, explicó el politólogo.

Desafíos comunes, respuestas compartidas

Tanto Artavia como Brown coincidieron en que, en tiempos como los actuales, la cooperación entre países con valores democráticos afines resulta más necesaria que nunca e identificaron como claves aquellas asociados a la democracia, la seguridad, el medio ambiente, migración y los derechos humanos.

Uno de los retos más apremiantes y donde ambas naciones coinciden es la protección ambiental. Costa Rica y Panamá comparten un corredor biológico de alta biodiversidad cuya conservación exige esfuerzos tanto nacionales como internacionales. “Proteger estos ecosistemas, verdaderos pulmones del mundo,

[1] Argentina Artavia, politóloga. Licenciada en Ciencias Políticas, docente e investigadora en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica y en la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional. Participa como analista política en programas de actualidad nacional e internacional en diversos medios de comunicación.
[2] Harry Brown, doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales y miembro del Sistema Nacional de Investigación. Autor del libro El populismo en América Central y del artículo “Democratización y neopatrimonialismo: ¿hay una ola populista en Centroamérica?”.

es una responsabilidad que trasciende fronteras”, se enfatizó durante el conversatorio.

Otro tema crítico es la migración. Costa Rica ha intentado asumir un liderazgo humanitario ante el creciente flujo de personas que utilizan ambos países como rutas de tránsito. Artavia recordó que ni Costa Rica ni Panamá son emisores ni grandes receptores de migración, pero sí sufren sus efectos colaterales: violencia, precariedad y desestabilización social.

“La movilidad humana no puede recaer únicamente en los hombros de los países de tránsito. Se trata de un drama global que exige corresponsabilidad internacional. Es indispensable una cooperación que reconozca las múltiples dimensiones del fenómeno”, sostuvo la politóloga y Máster en educación de Derechos Humanos.

Cooperar también es reformar

La cooperación internacional no solo implica recursos económicos. También se trata de compartir propósitos y visiones de futuro. En este sentido, Brown señaló que Panamá enfrenta hoy una profunda crisis de representación política.

“Tras 35 años de democracia y reducción de la pobreza, el sistema panameño ha mostrado señales de agotamiento. La incapacidad de los liderazgos para impulsar reformas es evidente. El país necesita apoyo externo para repensar su pacto social y actualizar su marco institucional”, afirmó el politólogo y autor del libro El vencedor no aparece en la papeleta (Descarriada, 2018).

Costa Rica no es ajena a este desgaste. Aunque mantiene una institucionalidad robusta, enfrenta una creciente desconfianza ciudadana en el funcionamiento del sistema democrático.

“La percepción de que los recursos públicos no se traducen en calidad de vida debilita la fe en el Estado. Infraestructura deficiente, sistemas de salud y educación en crisis, y desinformación alimentan la polarización y el ascenso de liderazgos populistas”, advirtió Artavia.

Este tipo de discursos, muchas veces cargados de odio y soluciones simplistas, apuntan sus dardos hacia funcionarios públicos, universidades y pilares del servicio civil, minando la credibilidad institucional.

Retomar el diálogo y los valores democráticos se vuelve entonces imprescindible. Frente a un contexto regional donde los indicadores de desarrollo humano retroceden y el crimen organizado gana terreno, fortalecer las instituciones y revitalizar la democracia es una prioridad urgente.

 

Escuche nuestra conversación completa con los politólogos Argentina Artavia y Harry Brown en nuestro podcast Políticas en Línea escuchar aquí

Los contenidos publicados expresan la opinión del autor/ autora o sus entrevistados y no necesariamente la visión de la Fundación Konrad Adenauer.

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