Seguridad
2 diciembre, 2024
Cynthia Briceño, periodista
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En las últimas elecciones presidenciales, la participación de los votantes jóvenes ha experimentado, al igual que en casi todas las democracias occidentales, un paulatino descenso que, en el caso de Costa Rica, se ha precipitado y sostenido a partir del cambio de siglo.
Desde 1998 hasta la fecha, su comportamiento electoral muestra reducciones considerables en los niveles de participación, las cuales no son exclusivas de este grupo etario, sino que se presentan de manera uniforme en todos los rangos de edad.
Según Hugo Picado León, magistrado y director del Instituto de Formación y Estudios en Democracia del TSE, “hasta antes de los años 2000, las votaciones presidenciales gozaban de porcentajes de participación superiores al 80% del padrón electoral. Sin embargo, a partir de la elección de 1998, este patrón cambió abruptamente con un descenso considerable de un 10% en la participación electoral“.
Esta situación, aunque característica de los procesos electorales nacionales, guarda concordancia con patrones globales que reflejan bajos niveles de participación electoral, particularmente en democracias consolidadas como la nuestra.
A esto se suman otras condicionantes sociales, políticas y culturales recientes como el individualismo, el discurso antipolítico, el debilitamiento de las estructuras partidarias, la influencia de las redes sociales, etc., que van actuando como alienadores del voto.
Votan los jóvenes?
Ahora bien, si nos centramos en el voto joven, la cosa no cambia particularmente. Ni en el mundo ni en Costa Rica.
En las elecciones presidenciales de 2022, las personas de entre 18 y 30 años votaron un 12% menos que los votantes que les doblan la edad
Para las últimas elecciones presidenciales nacionales, poco más de la mitad (53%) de los votantes con edades entre 18 y 30 años ejerció ese derecho, mientras que las encuestas dieron cuenta de que, al consultarle a los votantes en general por su afiliación partidaria, el 80% dijo no identificarse con ningún partido político.
De acuerdo con el magistrado, el debilitamiento de los partidos políticos como estructuras fuertes y representativas de forma permanente es un factor clave que influye en la poca participación ciudadana en los procesos electorales.
“A partir de los años 90, cuando la Sala Constitucional modificó el sistema de financiamiento de los partidos políticos, estos no tuvieron la capacidad, y no la tienen hoy, 30 años después, de crear nuevas opciones para generar los recursos que les permitan contar con los fondos suficientes para su efectivo funcionamiento más allá de la época electoral”, asegura.
La creciente desconfianza en las instituciones, la percepción de que los políticos están desconectados de sus problemas y la falta de propuestas políticas atractivas para los jóvenes son elementos que alimentan la apatía electoral
En este contexto, el electorado joven que ingresa al padrón presenta un perfil cada vez más independiente y con menor conexión con los partidos políticos y las arraigadas afinidades partidarias que marcaron a las generaciones anteriores.
La creciente desconfianza en las instituciones, la percepción de que los políticos están desconectados de sus problemas y la falta de propuestas políticas atractivas para los jóvenes son elementos que alimentan la apatía electoral.
Adicionalmente, la falta de incentivos institucionales y una menor identificación con los partidos tradicionales los convierten en votantes menos comprometidos y marcadamente indiferentes.
“Que los jóvenes se alejen de las urnas, o muestren tendencias hacia un desapego a las instituciones, es una situación preocupante, no solo por un tema de participación electoral, sino porque a nivel de nuestro ordenamiento político puede llegar a generar rupturas y abrir portillos a discursos populistas, anti sistema y anti democráticos”, señala Picado.
Los intereses de la juventud
Aunque pueda parecer contrario a lo dicho anteriormente, la población joven votante sí muestra interés por la política, cuando esta se asocia a cuestiones que afectan su situación más personal, inmediata y futura.
Es decir, a diferencia de otros tiempos en la política costarricense, es un elector que utiliza su voto de una forma más pragmática y menos ideológica.
De acuerdo con investigaciones recientes del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica, los votantes jóvenes tienden hoy a no acercarse a la política, pero sí son propensos a involucrarse en causas concretas.
Entre esas causas o preocupaciones destacan: la justicia social, los derechos humanos, los derechos de las minorías, de los animales, el cambio climático y la sostenibilidad ambiental.
La reforma democrática, la inclusión, las oportunidades laborales y la transparencia gubernamental también preocupan a esta generación, que demanda una mayor participación ciudadana en temas relevantes y responsabilidad política en la toma de decisiones.
¿Cómo convocar a las urnas a jóvenes que han sido desplazados del sistema educativo? ¿De qué manera atraer a los nuevos profesionales que encuentran sitios de trabajo en sus comunidades? ¿Cómo sumar esfuerzos con aquellos que no ven representadas sus necesidades más urgentes en políticas públicas? Estas son parte de los retos que las instituciones nacionales y los partidos políticos afrontan en medio de un padrón electoral nacional que envejece cada vez más y de nuevos votantes que ingresan, pero que no se sienten motivados o representados en estos procesos.
* Los contenidos publicados expresan la opinión del autor, autora o sus entrevistados y no necesariamente la visión de la Fundación Konrad Adenauer.
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